viernes, 10 de abril de 2009
A 15 años de la muerte de la última leyenda del rock
sábado, 4 de abril de 2009
LITERATURA EUROPEA II, "CÁNDIDO" DE VOLTAIRE

LÍNEAS DE ANÁLISIS PARA “CÁNDIDO” DE VOLTAIRE. Aspectos a trabajar en la lectura de los diferentes capítulos del cuento.
* Este cuento ocupa un lugar central en el discurso ilustrado porque tuvo en su punto de mira la fe, entendida como adhesión desprovista de todo espíritu crítico a un sistema de ideas dado. Voltaire tiene dificultades para aceptar que lo que le rodea puede ser el mejor de los mundos posibles. Y responde, desde la perplejidad de Cándido, ante el campo de batalla repleto de cadáveres en la guerra, ante el terremoto producido por la Madre Naturaleza (guiada por Dios) en Lisboa, o ante la crueldad humana que le circunda (que cercena, viola, corrompe o acaba con la vida).
El Dios de Voltaire, es un Creador que se aparta de su creación para poder contemplarla, no un titiritero de la naturaleza humana, no un organizador de catástrofes.
Voltaire acepta la razón en coherencia con la realidad que observa a su alrededor, la razón práctica, no la razón pura que transforma la realidad para hacerla coincidente con ella. Para este autor, la idea racional no debe oponerse a la realidad, sino ceñirse a ella.
*El preceptor de Cándido, Cunegunda y su hermano, es un sabio. El protagonista y sus posibles primos, conocen por su maestro, el Dr. Pangloss, las leyes que guían el universo y la vida. Ante la desgracia, el bueno de Pangloss, extrae las consecuencias positivas
*Cunegunda representa la aristocracia irredenta, pero también la esperanza de transformar la sociedad, la libertad como objetivo final, y la política que Voltaire ha conocido en Inglaterra y desea aplicar en Francia, y también la paz final tras la lucha, el descanso, la tranquilidad que el autor encontró en Ginebra.
*Martín: este personaje es “la cruz” del optimismo, la oposición al pensamiento “panglossiano”, y no considera que este sea el mejor de los mundos posibles, pero tampoco piensa que sea el peor. Es como es, le gustaría que no fuera así, pero así es. El principio del mundo es el caos y no el orden. Por eso se debe controlar el mal, porque sino a la larga se terminará apropiando del mundo. Martín puede recordar la filosofía de Locke; tal vez el empirismo inglés que Voltaire conoció en su estancia en aquel país, pero sin duda es un escéptico como el mismo Voltaire.
*El Barón de Thunder-Ten-Tronckh y su hijo son la vieja aristocracia. Representan para Voltaire el objeto de su sátira contra el poder constituido, y su relación con Federico el grande, homosexual, arrogante, caprichoso y poderoso. Es el poder absoluto e intolerante que Voltaire quiere transformar desde arriba, al igual que Rousseau deseaba hacerlo desde abajo, a través de su "contrato social".
*Voltaire cree en el progreso por medio del conocimiento, de ahí su alianza con los enciclopedistas en la labor de expandir la cultura como antídoto del poder absoluto de unos pocos.
*Cándido recorre la mayor parte del mundo conocido, civilizado e incivilizado; su aventura transcurre por Europa y América, el viejo y el nuevo mundo, y concluye en las puertas de Asia, en Constantinopla. Visita lugares reales e imaginados, entre ellos destaca El Dorado Voltaire ha leído al Inca Garcilaso), el valle escondido entre altas montañas, donde las cosas son diferentes, donde sí se puede ser optimista porque es posible. Si existe el mejor de los mundos posibles, este es El Dorado, con sus carneros y sus piedras preciosas, con la feliz despreocupación de sus gentes, con la superación de las necesidades básicas.
*Al igual que Platón, consideraba que el mejor lugar para la vida era un valle entre montañas, protegido del intercambio con otros lugares; esto viene a coincidir con la Ginebra (Suiza) que Voltaire eligió para su estancia más tranquila.
*Voltaire hace un resumen del mundo, de sus dificultades y sus locuras, de la lucha por la supervivencia en cualquier latitud. En todas partes hay maldad, y esta maldad se aprovecha de la inocencia y la buena voluntad de Cándido, quien en vez de aprender y cambiar, se empecina en permanecer fiel a las enseñanzas de su maestro Pangloss, aunque esto pueda costarle la vida. Es el viaje del idealismo romántico por la más cruda realidad.
*Voltaire denuncia la ausencia de coherencia religiosa de los clérigos de su época, más ocupados en riquezas, lujurias, y poderes, que en la trasmisión de la Verdad revelada.
El doctor Pangloss adquiere de su relación con Paquette la sífilis, a la que a su vez se la había transmitido un franciscano muy sabio (capítulo IV). Cunegunda, presta sus servicios al Gran Inquisidor, y al judío que la ha protegido, en un acuerdo singular en el que comparten a la dama más allá de sus diferencias religiosas (capítulo VIII). La vieja de la historia es hija del Papa Urbano X (capítulo XI). O las relaciones homosexuales del hijo del barón convertido en jesuita, con un joven musulmán (capítulo XXVIII).
Voltaire se burla del celibato de los clérigos y les provoca en una época donde aún se realizan autos de fe como el ocurrido en Lisboa para impedir nuevos terremotos y cuya finalidad es el entretenimiento de las masas (capítulo VI). Una demostración de poder ante una catástrofe de origen natural, permite que las gentes atemorizadas, aún se atemoricen más.
Pero también ríe Voltaire del voto de pobreza de los hombres santos, en el pasaje en el que un franciscano es ahorcado por haberle robado las joyas a Cunegunda (capitulo XIII).
Y también ríe de la cultura defendida por los clérigos y otros doctores en Teología, como el Sr. Gauchat, o el archidiácono de T. (capítulo XXII). O de la discriminación por creencias religiosas, cuando Cándido se encuentra con un buen hombre como el anabaptista que le acoge a él y a Pangloss, mostrando mayor espíritu cristiano que todos los católicos que halla en su camino (capítulo IV).
También disfruta el autor socavando las vocaciones religiosas de la época, como en el caso del fray Alelí (capítulo XXIV).
Es en El Dorado, el mejor de los mundos posibles entre los conocidos, donde Voltaire expone su idea de que la religión no necesita de sacerdotes, y que Dios no necesita de ellos para ser alabado (capítulo XVIII).
*Voltaire no acepta la guerra, en concreto la Guerra de los siete años que se desarrolló en aquella época entre franceses y prusianos. Cándido supone que las atrocidades de la guerra no pueden coincidir con el mejor de los mundos posibles, y al mismo tiempo, Voltaire desarrolla sus ideas pacifistas.
*Siendo un miembro de la burguesía, Voltaire critica con placer a la aristocracia, a la que considera estúpida y frívola. El autor conoce los escenarios de la vida parisina, las mansiones de las grandes cortesanas, las reuniones sociales de los precursores de la Revolución. Se divierte en sus andanzas, a costa de los miembros más nobles de la nobleza francesa.
La aristocracia permanece en su fortaleza, no quiere mezclarse con la plebe y esto se observa en el Primer Capítulo, cuando el barón descubre la atracción que su protegido siente por su hija, y es ésta la causa de que sea expulsado de su castillo.
Voltaire establece una crítica social severa, en la que se advierten algunas cuestiones relevantes; su denuncia de la explotación (el esclavo negro) o cuando se refiere a las vejaciones que reciben las mujeres que aparecen en su obra, desde Cunegunda a Paquette, pasando por la vieja o las doncellas perseguidas por los monos.
Critica la riqueza y la pobreza desmesuradas, la diferencia entre la plebe y las clases privilegiadas, la inanidad de los gobiernos en el control de la desigualdad, el abuso de poder, la injusticia, la crueldad humana, el robo, la corrupción, y todos los demás vicios sociales, que él percibe en su época.
*Al final, Cándido se convierte en filósofo, y establece un "primum vivere, deinde philosophare", y su amigo Martín, considera que trabajar sin razonar es la única forma de hacer la vida soportable (capítulo XXX). Cultivar el jardín, es lo único que hay que hacer. Cada uno debe ocuparse de sus asuntos y esta conducta proporciona por sí misma el bienestar.
sábado, 28 de marzo de 2009
lunes, 23 de marzo de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
jueves, 12 de marzo de 2009
martes, 10 de marzo de 2009
Artículo de opinión
Por Angela Pradelli *
Conocí a Adolfo Bioy Casares en 1985, en la Feria del Libro. En ese momento no iba tanta gente como ahora. Era sábado y llegué temprano. Cuando pasé por el stand de Emecé, uno de los primeros cerca de la entrada, los vi a Syria Poletti y a Bioy sentados en sillas de respaldos altos, tapizadas con pana bordó. Estaban a dos metros de distancia uno de otro. Fingí que miraba libros en el stand de enfrente y desde allí los observé. Los dos erguidos, solos porque nadie se detenía. Cada tanto se miraban y hacían algún comentario brevísimo entre ellos. Finalmente me acerqué a Bioy. Le dije que en la escuela de Turdera en la que daba clases, en mis cursos de literatura, les hacía leer a mis alumnos adolescentes su novela, La invención de Morel. Pobres chicos, me dijo, y nos reímos. Turdera, dijo después para sí, y seguro que pensó en Borges y en algunos de los personajes de sus historias, en los Nielsen, en los Iberra. Hablamos de literatura y de sus autores preferidos.
Me pidió que me cuidara mucho de un mal que con el tiempo suele atacar a los profesores de literatura. Todo les gusta mucho, me dijo, se vuelven tan permeables a la literatura que terminan leyendo todos los autores, todos los cuentos y novelas en igual estado de éxtasis. Nos reímos otra vez. Le conté que coordinaba un taller de escritura en Adrogué y enseguida anotó sus números telefónicos en un programa de actividades que todavía debe de andar entre mis papeles en la biblioteca. Puede invitarme a ese taller, me dijo, iría encantado. Arreglamos ese encuentro para un sábado y quedamos en que yo lo pasaba a buscar con mi auto. El día anterior al encuentro me llamó por teléfono por la mañana temprano. Venga antes a buscarme, me dijo, media hora antes, por favor, me gustaría volver a recorrer las calles de Adrogué que caminábamos con Borges y Silvina. Era otoño, principios de mayo, y anduvimos despacio por los empedrados, mientras él me contaba historias de cuando los tres pasaban los veranos allí. El sol estaba bastante fuerte por ser otoño y las hojas caídas de los árboles ya formaban sobre el empedrado un colchón seco que empezaba a crujir.
Aquella tarde que Bioy vino a Adrogué, fuimos también a Turdera, mientras caminábamos por las mismas calles que yo recorrí después durante el censo que hice para escribir mi segunda novela. Me contó que en la época en que Borges iba una vez por semana a cenar a su casa, al llegar le preguntaba, ¿Sabe con quién me crucé cuando venía para acá? Y le nombraba a un personaje de sus textos sobre el que seguía una conversación extensa. Era otoño pero el sol no se había debilitado aún a esa hora temprana de la tarde. Estábamos cerca de la plaza cuando Bioy me lo contó y allí, los zumbidos del rumor alto de las casuarinas parecían narrar, también, una historia.
* Publicado en Libro de Lectura (Emecé)








